Sociedad
Un día en un colegio tomado: ¿Cómo se organizan los pibes?
Horarios, cronogramas, grillas y grupos de trabajo garantizan que la toma siga en pié. Los debates políticos se mezclan con charlas sobre lo cotidiano. La presencia de padres y docentes es constante. Una crónica desde el interior sobre cómo transcurre la toma en los 35 colegios intervenidos por alumnos.
Viernes, 28 de septiembre de 2012
              



Es temprano, el reloj marca las ocho pasadas. Pero ya están casi todos levantados. Mientras algunos preparan el desayuno –mate, café o mate cocido-, otros atraviesan el muro de la fiaca matinal. Un grupito ya salió a la calle, en busca de diarios que le permitan ver cómo es leído el conflicto desde el exterior. Porque ellos están ahí hace días, con la escuela tomada.

Desayunan, leen el diario y comentan algunas de las noticias. El debate sobre la toma comienza temprano, y se extiende durante todo el día. Claro que también conversan sobre lo cotidiano, lo que nos afecta a todos: los amigos, la pareja, los proyectos, el arte.

Es media mañana, y las charlas continúan. La medida de fuerza fue tomada en rechazo a la reforma curricular inconsulta que impulsa el gobierno porteño. No es que estos jóvenes se opongan a la homologación de títulos, más bien exigen que para ello sea tomada en cuenta la opinión de docentes y estudiantes.

De golpe, el debate sobre la toma se suspende: de manera espontánea surgió un torneo de ping pong. Con tablones, los pibes del colegio Yrurtia, improvisaron una cancha. Otros eligen salir un rato al patio, y terminar de despabilarse con el calorcito del sol.

Llega el mediodía, y la comisión de comida se encarga del almuerzo. Las tareas se dividen y la organización está a la orden del día. Hay comisiones de seguridad –encargada de cerrar y abrir la institución, además de realizar una guardia y tomar nota de los ingresos y egresos-, de prensa y difusión, y de limpieza.

Después del almuerzo comienza el movimiento. Talleres de formación sobre distintas temáticas son organizados por la comisión de actividades y propuestas recreativas. El voto a los 16, gatillo fácil, conflicto curricular y hasta la desaparición de Luciano Arruga han sido, hasta hoy, los ejes abordados en esos espacios. Los talleres, generalmente, son coordinados por los docentes que adhieren y acompañan la toma.

Normas de convivencia

Aunque haya quienes se esmeran en demostrar que los jóvenes son desorganizados y carecen de contenido; las tomas tienen un reglamento. No se puede hacer cualquier cosa, hay pautas de convivencia: los medios no pueden ingresar a la escuela, no se puede consumir alcohol ni cigarrillos dentro de la institución; a partir de las 24 no está permitido escuchar música, y mucho menos gritar.

Durante el día, entre 150 y 200 personas circulan por el colegio. A la noche, esa cifra disminuye, porque hay un sistema de rotación que permite menguar el desgaste propio de la lucha.

“En nuestro caso la escuela no tiene cocina, ni gas. Conseguimos dos hornillitas para cocinar y cada uno fue trayendo utensilios de su casa. Pero como somos tantos, cocinamos y comemos por tanda”, explica a INFOnews Lautaro Podestá, militante de Lobo Suelto, en el colegio Yrurtia.

Toda persona que ingresa a la toma queda registrada en una grilla, que da cuenta de las entradas y egresos. “Si sos de la escuela anotamos nombre y curso, si sos de otra institución registramos el lugar desde dónde venís, y lo mismo con los docentes”, explica Lautaro.

Para dormir tienen dos posibilidades: o improvisan una especie de cama con las sillas, o se llevan bolsas de dormir. Aunque también pueden verse algunos colchones pequeños, que fueron traídos por quienes viven más cerca de la escuela.

Recreación

La música de Charly García y Los Redondos es lo que más se escucha en las aulas. También se arman guitarreadas y talleres de zapadas. El TEG, el truco y el ping-pong son los juegos para pasar el rato.

En algunos colegios se arman picaditos y torneos de fútbol. En otros, los pibes tocan tambores, y las charlas sobre amigos, actividades y proyectos son más que recurrentes.

De vez en cuando se organizan festivales de música y arte –generalmente los fines de semana-, que permiten recaudar fondos para el Centro de Estudiantes. De allí se saca el dinero para el almuerzo y la cena, aunque muchas veces cada uno lleva de su casa lo que tiene. Fideos, guisos, pucheros, polenta y hasta hamburguesas a la parrilla han sido algunas de las comidas que compartieron quienes llevan adelante la toma.

¿Y el cansancio propio del reclamo? “El desgaste se siente, pero hay datos que nos hacen salir adelante. De 10 colegios que comenzamos con las tomas, hoy somos 35. Además la organización que tenemos permite que ningún pibe se pase todo el día adentro”, asegura Lautaro de Lobo Suelto, que se entusiasma a medida que habla. Y todavía tiene una nueva jornada de lucha por delante. Es media mañana, y ya está casi listo para partir hacia la escuela. Allá lo espera un almuerzo con sus compañeros, charlas, debates y otra noche dentro de las aulas.





Fuente: Info News
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